escort relato

Un sorprendente intercambio de parejas con una escort

Me llamo Hugo, tengo 33 años, estoy divorciado y actualmente no tengo pareja o al menos nada serio. Soy un tipo bastante normal, me gusta cuidarme e ir al gimnasio tres o cuatro días por semana, lo que hace que tenga un buen aspecto en general. Trabajo en una empresa de marketing y hará un año entró a trabajar un nuevo compañero en mi departamento. Su nombre es Pedro, es dos años mayor que yo y es bastante resultón. Desde el principio nos hemos caído bastante bien. Tenemos buenas conversaciones a la hora del café y a medida que hemos afianzado nuestra amistad quedamos algunas veces al salir del trabajo para tomar unas cervezas. Un viernes después de un día complicado en la oficina quedamos para tomar algo. Esa tarde necesitábamos desconectar y una cerveza llegó tras otra. Lo que no esperaba es como acabó la noche.

Pedro está casado y me contó, entre cerveza y cerveza, que su mujer y él, quedaban alguna vez que otra con otras parejas para hacer intercambio. Como es lógico, no me esperaba algo así, y a medida que iba hablando,  yo me excitaba más y más. Conocí a su mujer una vez que vino a buscarlo al trabajo y me pareció una chica que no estaba nada mal. De hecho era una mujer morena, atractiva y con un cuerpo de generosas curvas y mirada penetrante. Aquel día llevaba un vestido negro escotado que insinuaba unas buenas tetas con unos zapatos de tacón que estilizaban su figura. Yo estaba ensimismado en la conversación cuando sonó el móvil de Pedro. Era Ana, su mujer.

Cuando Pedro colgó el teléfono me miró con una sonrisa picara y me dijo que su mujer llegaría de un momento a otro. Un súbito nerviosismo recorrió mi cuerpo. Después de lo que me había confesado, que su mujer viniese a tomar algo con nosotros me producía una mezcla de sensaciones. Pedro parecía excitado y me dijo que podíamos ir a cenar los cuatro juntos. ¿Los cuatro? “Pedro, ya sabes que no tengo pareja” le dije. El me miro a los ojos y con una sonrisa socarrona me enseñó su móvil, en la pantalla pude ver una web que ponía algo así como escort Valencia. Yo le miré sorprendió y él me dijo, ¿quieres pasar una noche inolvidable? Yo no respondí, pero la expresión de mi cara debía decirlo todo, claro que si, donde hay que firmar, pensé. Pedro, sin mediar palabra llamó al número que aparecía en pantalla y hablo con alguien, yo ya llevaba varias cervezas encima y no me percate de nada de lo dijo. Una vez terminó de hablar volvió a dirigirme la mirada y me dijo que en una media hora llegaría mi novia. Esther, la escort, sería mi preciosa y enamorada novia esa noche y debía presentarla como tal tanto a Ana como a él. Yo no daba crédito, Pedro acaba de contratar a una escort para cenar esa noche con ellos. Ahora sí que estaba nervioso.

Por suerte la escort llegó antes que Ana y así pude hablar algo con ella, por nada del mundo quería que la mujer de Pedro sospechara que era una escort. Cuando la escort entró en la cervecería, todos los hombres que allí estaban se quedaron boquiabiertos al ver una mujer tan guapa y elegante. Después de las presentaciones, Pedro tomó el control de la situación y explicó a la escort que rol debía desempeñar esa noche. Pedro fue al baño, no en vano, había bebido por lo menos el doble de cervezas que yo. En ese breve espacio de tiempo, la escort y yo tuvimos una animada conversación. Esther, dudo que ese fuera su nombre real, tendría unos 28 o 29 años, y además de ser un auténtico bombón, era un encanto de chica. Sabía que Esther era una escort, pero sé que le caí bien, había filing,  esas cosas se notan. Justo cuando Pedro volvió del baño, llegó Ana y se unió a nosotros. Ese fue el otro momento de subidón, me preguntaba si se daría cuenta de nuestro plan. Después de las presentaciones y las pertinentes cortesías hablamos de ir a cenar a un restaurante cercano.

La cena transcurrió entre risas y regada con un buen vino tinto. Porque comer lo que es comer, muy poco, al menos yo. En el postre ya estábamos los cuatro con una buena. Si no recuerdo mal nos ventilamos tres botellas de un fantástico vino Ribera del Duero. Dejamos el restaurante entre risas y con muchas ganas de fiesta. Paramos en un pub cercano y pedimos unos Gin Tonics. Yo lo estaba pasando genial y ya no estaba tan nervioso, de hecho me encontraba muy a gusto. Sin saber muy en qué momento, la conversación se fue centrando en el sexo. Las dos chicas estaban sentadas una al lado de la otra, más pegadas de lo que cualquier protocolo aconseja. Pedro, que era el que lideraba el grupo, propuso que fuésemos a tomar algo a su casa, que allí estaríamos más cómodos y tenían bebida de sobra. Las chicas dijeron que si con mirada cómplice.

La casa de Pedro y Ana era un apartamento en la zona nueva de Valencia. El piso no era muy grande, pero era muy acogedor y tenía unos muebles con un marcado estilo minimalista. Cuando nos acomodamos en el salón, Pedro me hizo un gesto para que le ayudase a preparar unas copas. Estábamos en la cocina y me dijo con una naturalidad sorprendente, “quiero te folles a mi mujer”, hace tiempo que lo tengo en mente. Ahora vamos a disfrutar viéndolas a ellas juntas y después quiero ver cómo te lo montas con Ana. No dije nada, entre las copas, la excitación y lo alucinado que estaba, no era capaz de articular palabra.

La escort era una chica fantástica, además de ser muy guapa, era muy alegre y cariñosa. Había encajado a las mil maravillas con Ana. Entre ellas había una atracción sexual que ya se adivinada en el restaurante. Por suerte para Pedro y para mi, ambas mujeres bebieron lo suficiente para desinhibirse y dejarse llevar por la situación. No dije cómo iban vestidas estas dos diosas, mea culpa. Empezaré por Ana. La sensual mujer de mi compañero llevaba una blusa ajustada de un tono azul claro donde sus tetas parecían estar a punto de arrancar los botones, llevaba también una minifalda negra ajusta, unas medias de red y unos zapatos de tacón con una ligera plataforma que le ayudaba a lograr una altura muy interesante. Esther, en cambio llevaba un vestido de color morado sin escote pero muy ceñido al cuerpo, el vestido le llegaba a las rodillas y llevaba unos tacones muy finos. Esther era una escort elegante, sexy y muy educada, realmente daba gusto estar con ella.

Cuando Pedro y yo llegamos al salón me quedé completamente petrificado, lo que estaba viendo era realmente impresionante y excitante. Las dos mujeres, Esther, rubia con el pelo recogido y Ana, morena con el pelo hasta los hombros, besándose apasionadamente. Ana sujetaba con una mano la cara de Esther y con la otra acariciaba un pecho. Se besaban febrilmente con una mezcla de dulzura y pasión. No sé el tiempo que me quedé allí mirando, pero si recuerdo que Pedro dio la vuelta y apoyo la palma de su mano en mi espada para acompañarme al sofá. Ellas dejaron de besarse y tomaron un trago para después volver a tontear entre risas y coqueteos. Pedro se sentó al lado de Esther y me indico que yo lo hiciera al lado de su mujer. Pedro comenzó a acariciar los pechos de Esther y con la mirada me indico que hiciera lo mismo con su mujer. Ana, viendo que yo estaba muy cortado tomó la iniciativa. Puso mi mano en uno de sus pechos y mi corazón empezó a latir sin medida. Ana me beso y sentí como su húmeda lengua jugaba con la mía dentro de mi boca. Fue maravilloso, me excite muchísimo y ella me acarició la polla por encima del pantalón. Ana se puso en pie y se desnudo, tenía un cuerpo rellenito y con unas tetas grandes pero muy bien puestas. Me cogió de la mano y me puse en pie, ella seguía con los tacones puestos y eso me resultaba muy sexi, me bajo los pantalones, se puso de cuclillas y empezó a chupar mi polla empalmada. Me la chupaba con locura y con determinación, tuve que esforzarme para no correrme. A mí lado, Esther también le estaba chupando la polla a Pedro, aunque ellos seguían sentados en el sofá. Ana dejo de chupármela y me tiro en el sofá, me puso un condón y se subió encima de mi introduciéndome la polla en su ardiente coño húmedo. Empezó a moverse a la vez que besaba a Pedro y luego a Esther. Ellos siguieron nuestros pasos y los cuatro acabamos follando en el mismo sofá. Yo no sabía que me excitaba más, si estar follándome a la mujer de mi amigo o ver como lo hacía Pedro con la escort que contrató horas antes. Me encantaban las tetas de Ana, no hacía más que tocarlas y comerlas. Justo antes de corrernos, Ana me dijo al oído que desde el día que nos conocimos en la oficina tenía la fantasía de follar conmigo. En ese instante no puede más y me corrí como nunca. Ella se tocaba el coño con mi polla dentro hasta que llego al orgasmo con un grito ensordecedor. La parejita que teníamos al lado también había terminado.

Casi sin decir nada, Ana y Pedro se fueron y nos dejaron a Esther y a mí solos en el salón. Pedro me contaría más tarde que se fueron a follar porque les ponía muy cachondos hacerlo después de un intercambio. Una vez solos, Esther me beso en la boca, primero suavemente y después con más intensidad. La escort parecía estar muy cachonda y pronto empezó a chuparme la polla. Me pidió que me pusiera encima y en ese preciso instante me di cuenta de que tenía unos preciosos ojos verdes y unos labios sexis y sugerentes. Empezamos a hacerlo, pero de un modo que no me esperaba, era como si Esther necesitase más un abrazo que un buen polvo. Al terminar me pidió que la volviese a llamar y yo le dije que sí con un gesto. No le convenció y me lo volvió a pedir. Esta vez le dije si con rotundidad.

El lunes siguiente a la hora del café, Pedro me dijo que había sido una gran noche y que le había caído muy bien a Ana, y por supuesto mi novia Esther. Ambos nos miramos entre cómplices sonrisas. Esta es la historia más apasionante de mi vida hasta la fecha. Volveré a llamar a Esther y quizá volvamos a quedar con Ana y Pedro. Pero esa será otra historia.

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