La punta del iceberg

Nueva lección de anatomía femenina en el blog de sexualidad. Atención chicos que luego hay exámen. Quizás no hoy, pero algún día de vuestra vida.

Como ya posiblemente sepáis, el clítoris, ese botón mágico, puede llegar a tener un tamaño de entre 10 y 16 centímetros de longitud. Pero como bien se dice, el tamaño no importa…lo que importa es la forma.

Porque además de ser mucho más grande de lo que se piensa, el clítoris tiene una forma muy, pero que muy conveniente. Al menos para lo que fue diseñado.

¿Dónde crees que se meten 16 cm?

Lo que conocemos como clítoris es sólo la punta del iceberg, lo que se conoce como glande. Se encuentra protegido por un capuchón o prepucio (similar al que protege el glande masculino) en la confluencia superior de los labios menores.

el clítoris

Si fueras transparente verías que el glande del clítoris penetra en tu cuerpo unos dos centímetros en línea recta, tras lo cual, este órgano tan estupendo se bifurca, en forma de V invertida, en dos ramas de unos 7 cm de longitud cada una que rodean la uretra y alcanzan la abertura de la vagina por ambos lados. Son las llamadas raíces clitorianas. Curioso ¿verdad?

Pues aún hay más. El espacio comprendido entre las raíces del clítoris y la uretra y vagina está ocupado por una última estructura: los bulbos clitorianos, también llamados bulbos vestibulares.

¿Creías que el clítoris era un botoncito del tamaño de un guisante? Pues ya ves que no.

El clítoris, al igual que el pene, es un tejido esponjoso, que tiene la facultad de rellenarse de sangre y alcanzar una erección. Todo él. ¿Te imaginas? Pues eso.

La existencia de estas estructuras podría explicar lo que algunos sexólogos han denominado orgasmos vaginales. La realidad es que la vagina, exceptuando su tercio inferior, es una estructura muy poco inervada y, por tanto, imposible de estimular. Esto es así por conveniencia: por la vagina salen los niños y los niños tienen la mala costumbre de tener unas cabezas muy gordas, imagino que lo sabes. Así pues, los orgasmos femeninos se consiguen estimulando el clítoris, ya sea directamente sobre el prepucio o el glande (la opción preferida por la mayoría de las damas) o indirectamente a través del resto de estructuras que componen este “guisantito” mediante la penetración.

Así que ya sabes, la teoría ya la tienes. Si eres chica, imagina las posibilidades. Si eres chico, el día del exámen práctico que te sople tu chica qué es lo que prefiere, os irá mucho mejor. Pobre Freud y su teoría de la envidia del pene ¿que no?